Madurez Escolar.... una propuesta de evaluación

Bienvenidos... compartimos una pasión, la educación infantil y su desarrollo



domingo, 8 de febrero de 2015

Tremendura Vs. Hiperactividad

Es un motivo de consulta psicológica frecuente la inquietud de los niños menores de ochos años, muchos de ellos sin criterios suficientes para un diagnóstico clínico de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA.H) y esto puede ser aún ams angustiante para padres y maestros, porque la inquietud o tremendura de los niños, depende mas del ambiente, factores de crianza y fortalezas familiares que de una condición orgánica como el TDA-H.

Es importante destacar que el niño está en pleno crecimiento y este crecimiento lo hace ser explorador y emprendedor de las cosas que aún no sabe y desea descubrir, por ello corre, trepa, salta, corre... y todas estas conductas no pueden ser tomadas como hiperactividad clínica, son simplemente parte de su momento evolutivo y de una inquietud que caracteriza esta etapa.

La hiperactividad clínica o TDA-H, como es mayormente conocida, es un trastorno de la conducta que debe ser certificado por un equipo de especialistas, donde cada uno, observe y determine los criterios para su diagnóstico. Este equipo está compuesto por un neuro-pediatra, un psicólogo, un psicopedagogo y si es necesario un psiquiatra, que conjuntamente con los Reportes de Padres y Maestros (Escalas de Conners) determinen la veracidad del mismo y el grado de severidad, para dar tratamiento pertinente,

Este tratamiento va desde el Entrenamiento de Padres en el Manejo de la Conducta en los niños mas pequeños, la terapia conductual para niños mayores y cuya conciencia de regulación - modulación conductual se los permita, hasta la Medicación Infantil que ayuda a controlar justamente los factores orgánicos que provocan la hiperactividad.

Un niño tremendo no es un niño con TDA-H y los adultos que acompañamos su proceso, debemos estar claros en nuestro papel de mediadores, cuidadores y educadores durante todo el proceso de desarrollo del niño. Muchas veces castigamos conductas en vez de corregirlas, con disciplina afectiva y sólo logramos que esta conducta se acentúa, despertando en el niño justamente, ese sentimiento de los prohibido sin explicación, sólo por no actuar adecuadamente.

No es fácil ser niño cuando se dan órdenes tan ambiguas como "Pórtate bien" o "qué te dije?"... los adultos debemos saber cómo dirigirnos a ellos, qué esperamos de su conductas, hasta dónde queremos llegar y desde allí dar la órdenes, negociar, exigir y corregir, porque el niño es niño y su lóbulo frontal no está aún totalmente maduro para tomar las mejores decisiones.

Educar es acompañar para que esa Tortuga Feliz, nunca se esconda!

No hay comentarios:

Publicar un comentario